domingo, 9 de diciembre de 2012

TEMOR A LA ENSEÑANZA SECUNDARIA



La mayor parte de padres y madres de adolescentes actuales permanecieron hasta los 14 años en el mismo Centro de Enseñanza y luego pasaron a otro en el que había alumnos de hasta 18 años (más o menos). Actualmente en España el paso deprimaria a Secundaria se hace entre los 11 y los 12 años, y en los Centros de Secundaria conviven con alumnos de hasta más de 18 años (módulos formativos).

¿Qué es mejor, lo de ahora o lo de antes?. La mayoría de educadores opinan, y las investigaciones lo confirman, que la forma en que se organicen las edades no es tan importante como lo que sucede dentro del Centro de Enseñanza, es decir: Qué se enseña y cómo se enseña. Además está demostrado que la implicación de las familias en la evolución académica de sus hijos es el factor más determinante para el éxito escolar.
. A casi todo el mundo le incomodan los cambios. El paso a Secundaria supone cambios notables para los chicos (nuevos compañeros, distintos profesores, horarios, y sistemas de trabajo) que ocurren al mismo tiempo que los cambios que supone la propia adolescencia.
Algunas prácticas y estrategias de los padres pueden facilitar que el cambio se haga de forma más relajada e incluso con cierta ilusión.
¿Miedo a la Secundaria?
Muchos padres y madres, sin proponérselo, dificultan la entrada de sus hijos en la Secundaria con mensajes atemorizantes: “cuidado con los mayores en el patio”, “el trabajo es mucho más duro”, “los profesores no se andan con contemplaciones”, “las asignaturas son mucho más difíciles”, y otros por el estilo. Cambie sus mensajes negativos por otros que animen a su hijo ante la nueva etapa: “los profesores son especialistas que te enseñarán con más profundidad”, “tendrás más medios para aprender”, “podrás demostrar que eres más responsable y maduro que en primaria”, “conocerás compañeros de otras zonas de la ciudad”, “los equipos deportivos son más potentes”, u otros por el estilo.
Participe en la vida escolar
Las investigaciones demuestran que los alumnos cuyos padres están pendientes de su vida escolar y colaboran con el profesorado funcionan mejor y consiguen mejores rendimientos. Algunas formas prácticas de participar en la vida escolar pueden ser las siguientes:
Normas y expectativas. Desde el primer día de clase fije horarios claros en función de los horarios de clase: a qué hora levantarse para llegar temprano, a qué
hora acostarse para un descanso adecuado, a qué hora debe regresar a casa tras las clases. Por otra parte asegúrese de que su hijo entiende que usted espera lo mejor que pueda dar de si mismo para superar el curso.
Infórmese sobre el Centro de Enseñanza. Muchos centros disponen de una guía para informar sobre horarios, asignaturas, formas de evaluación, reglamentos, horarios de visita, formas de comunicarse con los profesores, grupos de padres, etc. Si no existe esa guía pregunte al tutor o a los directivos. Ellos también prefieren que su hijo funcione bien en el centro.
Ayude a su hijo a organizarse. El primer año, o al principio del curso, es habitual que los adolescentes se despisten con la cantidad de trabajo, nuevas actividades y sus propias preocupaciones como adolescentes. Usted puede colaborar de diversas formas:
- Repasar sus horarios de actividades para ver si tiene demasiadas cosas que hacer.
- Ayudarle en los hábitos de trabajo recordándole horarios y hablando sobre las tareas y materias que están viendo en las clases. Asegúrese de vez en cuando de que dispone del material necesario.
- Ayudándole a evitar las prisas de última hora en la entrega de trabajos o en la preparación de exámenes.
- Proponiendo y supervisando una “Agenda Escolar” en caso de que su hijo sea especialmente despistado o desorganizado.
Mantenga un ambiente de estudio. Intente eliminar de su hogar cuántas distracciones puedan interferir durante el horario de estudio de su hijo. Si no es posible quizás sea bueno llevar a su hijo a una biblioteca para que pueda concentrarse con su tarea.
Valore la educación y los hábitos. Demuestre a su hijo que lo que está aprendiendo hoy será importante para cuando sea adulto. Verle leer libros o periódicos o calcular gastos domésticos le hará ver la utilidad de conseguir una buena formación.
Si usted tiene lagunas o ha olvidado contenidos escolares pídale a su hijo que le enseñe o le ayude a recordarlos.
Acuda a los actos del centro. Asistir a reuniones, conferencias, encuentros deportivos o ceremonias escolares, siempre que pueda, hará que su hijo comprenda que lo que ocurre, todo lo que ocurre, en el Centro es importante para usted. Pero recuerde que muchos adolescentes se sienten incómodos y prefieren que sus padres estén, pero un poco alejados.
Conozca a los profesores. No siempre es posible conocer a todos los profesores de su hijo, pero al menos debería conocer al tutor de su curso y al orientador del Centro. Piense que cuanto más visible sea usted para el profesorado más fácil será mantenerse informado de la evolución de su hijo. Lea las notas y avisos que lleguen a casa y transmita a su hijo que lo hace, le importa, y que si alguna no llega se preocupará por ello.
La motivación
Algunos psicólogos definen la motivación como “las ganas de aprender, el gusto por los desafíos”. En muchos casos una motivación adecuada es más útil que la habilidad inicial para determinar el éxito.
Con la entrada en la adolescencia y el paso a Secundaria la motivación de algunos adolescentes parece esfumarse como por arte de magia y comienzan a: quejarse por la cantidad de trabajo; Los profesores; los compañeros; quieren abandonar alguna actividad; decir que se aburren; O mostrarse perdidos en el sistema de enseñanza.
Algunas causas de esta pérdida de motivación pueden encontrarse en: los cambios físicos y las diferencias en el desarrollo entre compañeros; un ambiente escolar menos controlador; presiones de los amigos despreciando a los “empollones”; o creencias en su falta de capacidad por lo que no le merece la pena esforzarse.
Usted como padre o madre puede fomentar la motivación de su adolescente, aquí le ofrecemos algunas posibilidades.
Valore el esfuerzo. Los adolescentes se motivan viendo que sus padres se esfuerzan cumpliendo en su trabajo y sus obligaciones. Transmita a su hijo que la clave para conseguir las cosas no radica en la suerte sino en el esfuerzo continuado a largo plazo. Los grandes científicos se pasan la vida estudiando, los deportistas de elite entrenan duro cada día, los buenos profesionales se mantienen al día mediante
el esfuerzo diario.
Apóyelo. Un elogio honesto y moderado sobre aquellas cosas que mejor hace aumenta la motivación general de un adolescente. Quizás su adolescente necesita probar nuevas cosas, nuevos aprendizajes, nuevas aficiones. Ayúdelo a buscar nuevos intereses.
Sea realista. No pida a su hijo cosas imposibles de conseguir, se frustrará y dejará de intentarlo. Si ya le han dicho que su hijo no tiene aptitudes musicales no se empeñe en que sea un virtuoso del piano, o si su hijo es más alto de lo normal y disfruta con el tenis de mesa no se esfuerce en que se apunte al equipo de baloncesto. Asegúrese que su hijo sabe que usted le quiere por quien es y no por lo que hace.
Paciencia. La mayoría de chicos aumentan su motivación cuando los padres aplican alguna de estas estrategias y le dan un poco de tiempo para madurar y ubicarse en el mundo. Si usted lo atosiga y no le permite ese tiempo muy probablemente volverá la apatía y la desgana ante las cosas.

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