miércoles, 15 de mayo de 2013

Pregunta 4 de Kant: Roosseau en Kant


Influencia de Rousseau en Kant.
Es muy conocida la anécdota según la cual, el filósofo alemán de Konisberg, Immanuel Kant, dejó por un tiempo sus sistemáticos paseos para leer con detenimiento el Emilio de Rousseau, y más en concreto su apartado.
La profesión de fe del Vicario Saboyano. La lectura atenta de este texto ilumina dicha influencia. Por ejemplo, los tres artículos de fe de Rousseau son "traducidos" en Kant como postulados de la Razón Práctica. La existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la existencia de la libertad son en Kant condiciones de posibilidad de la ética, lo cual quiere decir que, sin ellos no sería posible hablar de una ética universal. En Rousseau, esas mismas cuestiones son fruto de unos razonamientos que hace el Vicario y que concluyen necesariamente en que ha de haber un Dios Inteligente que mueve el mundo con un orden, y en la existencia en el hombre de un principio no material y que fundamenta su libertad (el alma). Si el hombre fuera solo materia no cabría hablar de auténtica libertad dado que la materia no es libre. Pero Rousseau, consciente sin duda de la debilidad de sus razonamientos, arguye que estas conclusiones son sus artículos de fe terminando de este modo con toda posible discusión. Pero esa fe Rousseau la ve necesaria para fundamentar las obligaciones morales que pretende deducir más tarde. En el fondo, como quiere también Kant. Para el ginebrino, Dios existe y habla a la conciencia del hombre ¿sería muy forzado ver aquí cierta relación con el imperativo categórico kantiano?
Por otro lado y quizá con mayor rigor, Kant reuniría argumentos a favor y en contra de esas mismas cuestiones como paralogismos de la Razón Pura. Esto significa que, cuando la razón humana quiere alcanzar lo que no es posible para ella, termina cayendo en esos paralogismos, razonamientos contradictorios sobre una misma cuestión. No es posible saber si el mundo tuvo un comienzo en el tiempo o si, en cambio, el mundo es eterno. Y si la razón lo pretende, es capaz de argumentar en el primer sentido y también en el segundo, lo cual es absurdo.

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