miércoles, 15 de mayo de 2013

Redacción Kant: Problemas que exceden el ámbito del conocimiento científico.


“De todo lo anterior surge ahora la idea de una ciencia particular que puede llamarse Crítica de la razón pura. Pues la razón es la facultad que proporciona los principios del conocimiento a priori.
Por ello, la razón pura es aquella que contiene los principios para conocer algo absolutamente a priori. Un organon de la razón pura sería el conjunto de aquellos principios según los cuales todos (B, 25) los conocimientos puros a priori pueden ser adquiridos y establecidos realmente. El empleo minucioso de semejante organon facilitaría un sistema de la razón pura. Pero como esto es exigir mucho y aún falta ver si aquí es posible en general una ampliación de nuestro conocimiento y en qué casos, podemos entonces considerar la ciencia del simple enjuiciamiento de la razón pura, de sus fuentes y límites como la propedéutica para el sistema de la razón pura. Semejante propedéutica no debería llamarse doctrina, sino simplemente crítica a de la razón pura, y su utilidad, respecto a la especulación, sería realmente negativa, [pues] no serviría para la ampliación, sino sólo para la clarificación de nuestra razón, y la mantendría libre de errores, lo cual es ya haber ganado bastante. Llamo trascendental a todo conocimiento que se ocupe en general no de los objetos, sino de nuestra forma del conocimiento de los objetos, en tanto en cuanto éste sea posible a priori. Un sistema de tales conceptos se llamaría filosofía trascendental. Pero ésta es demasiado para comenzar. Puesto que semejante ciencia tendría que contener tanto el conocimiento analítico como el sintético a priori, esta filosofía, por lo que respecta a nuestro propósito, es de demasiado alcance, ya que sólo podemos llevar el análisis tan lejos como sea imprescindiblemente necesario para considerar el alcance (B, 26) de los principios de la síntesis a priori, en cuanto que sólo aspiramos a eso. Esta investigación, que propiamente no podemos llamar doctrina, sino simplemente crítica trascendental porque no tiene como fin la ampliación de los conocimientos mismos, sino sólo su corrección, y que debe además suministrar la piedra de toque del valor o la futilidad de todos los conocimientos a priori, es precisamente aquello de lo que ahora nos ocupamos. (…) Que esto es posible, es decir que un sistema tal no puede ser de tan gran alcance como para no esperar llevarlo a cabo completamente, se puede conjeturar ya de antemano del hecho de que aquí el objeto no es la naturaleza de las cosas, que es inagotable, sino el entendimiento, que juzga sobre las naturalezas de las cosas, y aun éste [el entendimiento] en relación a sus conocimientos a priori, cuya cantidad, como no podemos buscarlos exteriormente, no [nos] puede permanecer oculta, y que según todos los indicios es lo suficiente pequeña como para abarcarla completamente.”

I. Kant. Crítica de la Razón Pura. Parte VII


Redacción: Problemas que exceden el ámbito del conocimiento científico.

            Digamos de entrada que los problemas, o el problema, que excede el ámbito del conocimiento científico es el de la metafísica. Pero no de cualquier manera o en cualquier sentido del término “metafísica”. La pregunta tiene un claro carácter epistemológico. Podríamos reformularla de este modo ¿Qué cuestiones, según Kant, caen fuera del alcance de la ciencia? O, mejor dicho todavía, ¿qué cuestiones se sitúan más allá de la razón pura o teórica? (en el sentido de que no pueden ser solucionadas recurriendo a ella, es decir, es ilegítimo plantearlas en su seno), ya que es ésta la responsable de la formación de los juicios de conocimiento.
Para responder a ella expliquemos en primer lugar la originalidad del planteamiento kantiano del proceso de conocimiento.
            El giro copernicano propuesto por Kant supone la aceptación de que el sujeto es un elemento activo en la construcción del conocimiento. Es activo, no sólo porque aporta más o menos elementos, sino porque aporta los elementos decisivos en dicha construcción (construcción que, hablando en rigor, hay que llamar síntesis). La participación del sujeto se produce a través de los elementos a priori que intervienen en los dos momentos de ese proceso (tanto en la sensibilidad cuanto en el entendimiento, los dos troncos del mismo árbol, la Razón). Estos elementos a priori (independientes de la experiencia) determinan los límites del propio conocimiento. Es decir, que de ellos (en particular de las categorías, formas a priori que operan en el entendimiento) depende la construcción misma, y la legitimidad, de los conceptos y los juicios científicos, con sus dos cualidades esenciales: la universalidad (o validez estricta, por oposición a la mera generalización, que Kant llama también validez supuesta o comparativa –por inducción-), y la necesidad (o exigencia racional de que los conceptos no puedan pensarse de otro modo). En una fórmula: de las operaciones a priori de la razón depende la verdad de los juicios.
            Ahora bien, ¿puede un concepto o un juicio, plantea Kant, ampliar el campo de mi conocimiento si sólo contiene elementos a priori? Kant se apresura a responder que ello no es posible en modo alguno. Por una razón: el conocimiento, como se ha apuntado, es una síntesis, y toda síntesis debe conjugar los mencionados elementos a priori con algo más (pues si no interviniera más de un elemento no sería síntesis): ese algo más es, naturalmente, la experiencia.
            No existe conocimiento científico sin experiencia, pues en caso contrario, ¿qué sería aquello que habría de ampliarse o extenderse?. Pero la inversa también es cierta: no existe conocimiento verdadero basado sólo en la experiencia, pues si así fuera:¿cómo superaríamos la contingencia del conocimiento meramente empírico –a posteriori?, es decir ¿cómo extenderíamos el alcance de un concepto hasta su universalidad y necesidad? Con este planteamiento Kant insiste en la preeminencia del sujeto (Kant es básicamente racionalista), al señalar que la propia experiencia debe tomar sus reglas de algo intrínseco a él, pues de otro modo no seríamos ni siquiera conscientes del significado de “tener experiencias” (parte II)
            Determinado así el proceso de conocimiento, sólo nos resta examinar en qué condiciones este proceso tiene lugar legítimamente y en qué condiciones no, y cuál es el resultado (el producto) en cada caso.
            Si el entendimiento opera sobre los fenómenos que la sensibilidad le brinda, produciéndose allí la síntesis entre estos y las categorías, el resultado son los juicios sintéticos a priori, que expresan, como sabemos, conocimiento en su más alto grado: conocimiento científico. Ahora bien, supongamos que el entendimiento pone a trabajar sus mecanismos a priori sobre intuiciones para las cuales no puede darse fenómeno alguno, pues carecen de contenido empírico. El resultado en este caso serían los conceptos metafísicos (Dios, la libertad, la inmortalidad…). Se ve, pues, que la metafísica tradicional, que tenía estos conceptos por verdaderos, se desmorona según el análisis kantiano. El propio Kant diagnostica que el error de los filósofos anteriores ha consistido en no alcanzar a vislumbrar la división de los juicios que él propone (parte VI). En otras palabras, la metafísica, tal como se ha practicado en el pasado, es un trabajo del entendimiento sobre el vacío (o eso, o meras deducciones analíticas, bajo otro punto de vista). La piedra angular de la crítica de Kant a la metafísica no es otra que ésta: el vacío de contenido empírico. ¿cómo podríamos extender sintéticamente nuestro conocimiento de unos conceptos que no proceden de la experiencia? No hay modo de hacerlo, concluye Kant, y, aunque al menos según su finalidad, deban hallarse contenidos conceptos sintéticos a priori en metafísica (parte V), estos conceptos serán de todo punto ilegítimos en el ámbito de la razón pura.
            Así las cosas, ¿qué sucede con ellos? Kant explica que la formación de los conceptos metafísicos es consustancial al funcionamiento de la razón (tendencia natural de ésta a formarlos: metaphysica naturalis). Por lo tanto, no cabe eliminarlos de un plumazo. En la Dialéctica Trascendental, Kant nos explica que estos conceptos deben ser tratados bajo otro punto de vista: no será la razón teórica o pura, sino la Razón Práctica, la encargada de resolverlos. En el ámbito de la razón práctica, que es el ámbito de las cuestiones morales, estos conceptos tienen un valor regulativo para la conducta de los individuos. Y es allí donde podrán ser legítimamente analizados.

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