miércoles, 4 de diciembre de 2013

La República. Libro VII. Texto de trabajo y preguntas resueltas



—Pues bien —dije—, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol
. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la Idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
—También yo estoy de acuerdo —dijo—, en el grado en que puedo estarlo.
—Pues bien —dije—, dame también la razón en esto otro: no te extrañes de que los que han llegado a ese punto no quieran ocuparse en asuntos humanos, antes bien, sus almas tienden siempre a permanecer en las alturas, y es natural, creo yo, que así ocurra, al menos si también esto concuerda con la imagen de que se ha hablado.
—Es natural, desde luego —dijo.
—¿Y qué? ¿Crees —dije yo— que haya que extrañarse de que, al pasar un hombre de las contemplaciones divinas a las miserias humanas, se muestre torpe y sumamente ridículo cuando, viendo todavía mal y no hallándose aún suficientemente acostumbrado a las tinieblas que le rodean, se ve obligado a discutir, en los tribunales o en otro lugar cualquiera, acerca de las sombras de lo justo o de las imágenes de que son ellas reflejo y a contender acerca del modo en que interpretan estas cosas los que jamás han visto la justicia en sí?
—No es nada extraño —dijo.
—Antes bien —dije—, toda persona razonable debe recordar que son dos las maneras y dos las causas por las cuales se ofuscan los ojos: al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a la luz.

Platón. La República. Libro VII


1.Analiza el significado que en el texto tienen las nociones de “región inteligible” y “mundo visible”
2. Según la argumentación del texto, ¿qué funciones cumple la Idea de Bien en la filosofía de Platón? Explícalas.

RESPUESTAS



PREGUNTA:

1. Analiza el significado que en el texto tienen las nociones de “región inteligible” y “mundo visible”.

RESPUESTA:

  • Contextualización del texto

Al principio del Libro VII, Platón describe el Mito de la Caverna, conjunto de comparaciones y metáforas que articula su concepción de la realidad (ontología), su teoría del conocimiento (epistemología) y, lo que constituye el eje central del tratado, y a cuyo objetivo se pliegan el resto de explicaciones, su idea del gobierno de los hombres justos (ética y política). El Mito de la Caverna es el pretexto para desglosar la que es, quizás, la teoría más influyente del pensamiento platónico: la Teoría de las Ideas.

  • Objetivo-eje del texto

El texto objeto de comentario (517b -518a), expuesto inmediatamente después de la narración del mito en sí, abunda en el eje central del Libro VII, esto es, trata de responder a la pregunta: cómo debe obrar la persona que quiere ser virtuosa (tenemos la clave en 517c: “…tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública”). La comparación del mito con la ontología platónica (mundos sensible e inteligible) y con el proceso de ascensión del alma hasta el conocimiento en sí (epistemología y dialéctica) está, pues, al servicio de la idea rectora de toda la obra: justificar que sólo aquel capaz de trascender, “…con trabajo” el conocimiento de lo sensible (y aquí, “con trabajo” hace referencia al duro y largo proceso educativo del gobernante, desde la gimnástica y la música hasta las matemáticas y la filosofía), estará en condiciones de alcanzar la virtud. Alcanzar la virtud, merced a la influencia del intelectualismo moral de Sócrates, significará esencialmente abrazar el conocimiento científico, esto es, el de la realidad absoluta de las esencias o Ideas, sobre las cuales destaca, como el sol sobre el universo, la Idea de Bien, de cuya participación (dependencia ontológica) deriva el ser de todas las demás. La virtud, cualidad esencial del gobernante, es conocimiento. Y el conocimiento de lo real sólo está en manos de aquel que procede “de la tiniebla a la luz”, el prisionero liberado, el alma purificada, quien renuncia a sí mismo para abrazar las ideas inmutables: esto es, el filósofo. Se fundamenta así la doctrina central de La República, la del filósofo-gobernante.

  • Los conceptos

En el marco descrito, pues, la región inteligible, o, tal se refiere a ella en otros momentos del texto, “el mundo de arriba”, la que mora “en las alturas”, aquella en la que se producen “las contemplaciones divinas”, es la sede de la “justicia en sí”, como lo es del resto de las ideas platónicas. La región inteligible no es otra cosa que la realidad metafísica absoluta, la única realidad. Es realidad porque, a diferencia de Sócrates, para quien las definiciones esenciales (origen, no lo olvidemos, de las ideas de su discípulo) eran contenidos mentales, para Platón constituyen un mundo existente en algún lugar. Es metafísica porque el mundo de las ideas trasciende el mundo de lo material, lo concreto, lo visible, lo cotidiano y lo corpóreo (hay aquí un rechazo explícito del naturalismo de los filósofos de la physis). Cuando el alma ha sido guiada hasta el conocimiento, aquélla, consciente de que nada más verdadero puede ser representado, ya no desea regresar, “no quiere ocuparse en asuntos humanos… (…) y es natural que así ocurra”. Este es el momento en que la inteligencia (noesis) alcanza la “visión” del orden y la armonía que allí rige. De algún modo, el filósofo ha abandonado entonces este mundo. La luz del sol, como en el mito, lo impregna todo.

El mundo visible, correspondiente ontológicamente con la realidad sensible, es representado en el mito platónico por la caverna. A destacar aquí que, al igual que ocurre con el alma y el cuerpo, pareciera que éste no deje de ejercer jamás una atracción sobre la parte pura. El cuerpo atrae al alma hacia las pasiones; la opinión (doxa), forma efímera, imperfecta y falible de conocimiento, propia de “los que jamás han visto la justicia en sí”, atrae al alma siempre hacia la “vivienda-prisión” y la obliga “a discutir en los tribunales”. Tras la evidente alusión a la condena y muerte de Sócrates se adivina otra idea más profunda: el dolor (calificado en el texto como torpeza y ridículo) del alma tras descender, rebajarse a lo sensible (“pasar de la luz a la tiniebla”), y, sin embargo y a la vez, la necesidad inapelable de hacerlo. La obligación moral del filósofo para con la polis. La virtud no se cultiva en el vacío. El origen de la filosofía platónica, la voluntad de razonar sobre el estado justo, que ya apareciera, retrospectivamente, en la Carta VII, se manifiesta ahora con toda intensidad. Al final del camino nos damos de bruces con las mismas motivaciones del principio. Y he aquí el eterno retorno del platonismo, su estrecha y definitiva vinculación al individuo, a su dimensión moral (incomprensible para un griego fuera del marco de la polis, y, por lo tanto, de lo colectivo, de lo político) y, en síntesis, a la búsqueda de su felicidad (eudaimonia).

PREGUNTA:

2. Según la argumentación del texto, qué funciones cumple la Idea de Bien en la filosofía de Platón.

RESPUESTA:

La Idea de Bien, cuya metáfora el el Mito de la Caverna es el Sol, es para Platón una idea de naturaleza superior a las demás, como deja entrever varias veces a lo largo de su obra. De ella participan las otras ideas, ella es la referencia para el conocimiento verdadero y ha de ser “contemplada” por todo aquel que desee convertirse en un hombre vituoso. De ello, pues, se deriva que la Idea de Bien cumple una triple función en el texto de Platón: ontológica, espistemológica y ético-política.

Función ontológica. La Idea de Bien es superior a todas las demás. De ella han de participar las otras, que son “efecto” suyo. En 517b se dice: “…ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas”. La Idea de Bien es la idea suprema, por cuya causa todo es lo que es. El resto de las ideas depende ontológicamente de ella, así como las cosas del mundo visible dependen ontológicamente de la ideas.

Función epistemológica. La Idea de Bien actúa también como referente, guía u orientadora del proceso que conduce a la sabiduría. En este sentido, Platón habla de “producir la verdad y el conocimiento”. Para la filosofía platónica, la inteligibilidad o cognoscibilidad de las ideas depende de la participación en ellas de la Idea de Bien. Ésta se convierte, pues, en garante de la racionalidad del mundo inteligible y, por tanto, del conocimiento auténtico o “científico”. En el último peldaño, la filosofía es representada como el culmen del proceso de ascensión dialéctica del alma, y como sinónimo de la racionalidad absoluta.

Función etico-política. Sabemos que las dimensiones privada y pública del ser humano están inextrincablemente ligadas en el pensamiento griego. La realización moral del individuo no tiene objeto fuera de la polis. Así, la Idea de Bien, que ha de contemplar “quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública” deviene fundamento de la virtud humana. Fundamento ético y político, pues no cabe pensar que pueda gobernar justamente un estado quien no haya “visto” (alcanzado, comprendido) el Bien. Pero el Bien ha de ser contemplado “por fuerza” por quien recorra el camino tortuoso y largo de la educación filosófica. Por tanto, concluído el proceso, el filósofo estará en condiciones de aplicar su saber a la polis, en la auténtica seguridad de que tal conocimiento proporciona al estado la eticidad que le conviene. En otras palabras, es imposible obrar moralmente mal, o gobernar injustamente, una vez el Bien ha sido conocido. Resuena otra vez aquí el eco del intelectualismo moral socrático.

http://filosofies.wordpress.com/2009/11/28/ejercicios-de-selectividad-resueltos/

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