lunes, 13 de octubre de 2014

EL PAPEL DE LA FAMILIA DE LOS ADOLESCENTES CON TDAH


El papel de los padres resulta imprescindible para la recuperación del niño hiperactivo. Representan la de seguridad, los modelos a seguir, el reflejo mismo de lo que los hijos sienten que son, la base fundamental sobre la que construyen su propia escala de valores y el concepto de disciplina y autoridad. Las dificultades que presentan los niños con TDAH aumentarán o disminuirán en relación con las características del ambiente familiar; responden mejor en un ambiente estructurado y predecible, en el que las reglas y expectativas sean claras y consistentes, y las consecuencias se establezcan previamente y se cumplan de inmediato.

Para que cambie el niño, es necesario cambiar el ambiente, incluyendo nuestras acciones y reacciones. Hay que tener en cuenta que el manejo de la conducta es una destreza que requiere práctica y paciencia.
Algunas pautas educativas
1. Prestar atención al niño, escucharle y hablarle con calma.
2. Explicarle el problema y los planes para ayudarle a superarlos.
3. Actuar siempre como modelos positivos.
4. Mostrarse tranquilos y relajados, puesto que el comportamiento de los padres va a ser imitado por el niño.
5. Establecer normas claras y definidas, con un grado de exigencia en consonancia con la capacidad del niño.
6. Facilitar una situación de máxima estructura y organización en el hogar. Esto implica mantener constante el horario y evitar, en la medida de lo posible, una estimulación excesiva. Un ambiente desorganizado convierte poco a poco al niño hiperactivo en un niño histérico, por su tendencia a responder impulsivamente a los estímulos de su entorno. Es muy conveniente asignarle un lugar tranquilo para trabajar o jugar.
7. Comunicar, con suficiente antelación, cualquier modificación de la rutina del hogar, para permitirle adaptarse
8. Observar las buenas conductas y habilidades del niño, elogiarlas y reforzarlas: un abrazo, comentarios o manifestaciones de agrado. El refuerzo se debe realizar cuando el niño ha hecho algo que merezca un reconocimiento: buen comportamiento, buen trabajo, un pequeño avance en un problema, un esfuerzo...
9. Prestarle atención cuando muestre conductas deseables y tratar de ignorar el excesivo movimiento o ajetreo del niño, salvo cuando la conducta sea excesivamente alborotadora o peligrosa. En estos casos se aplicarán de forma rigurosa las consecuencias previstas.
10. Cuando sea necesario dirigirse al niño por un comportamiento disruptivo, se actuará con firmeza, pero sin perder la serenidad ni la calma; de lo contrario, se le estará prestando atención en un momento inapropiado.
11. Aplicar castigos solo cuando sean necesarios y darle inmediatamente unas normas de actuación correcta.
12. Permitir que el niño pueda desahogar su exceso de energía, pero evitar que se fatigue en exceso, y procurar no estimularle innecesariamente.
13. Aumentar la confianza del niño en sí mismo y su autoestima. Para ello es necesario reconocer su esfuerzo, interés y concentración; estimularle destacando los aspectos positivos de sus ejecuciones; ayudarle a reflexionar sobre su conducta para que pueda detectar sus errores.
14. Ayudarle a interpretar las conductas de los demás y la suya propia, hacerle ver y reflexionar sobre qué otra actuación podría haber sido adecuada y finalmente ayudarle a definir el problema.
15. Favorecer la autonomía del niño evitando todo tipo de sobreprotección.
16. Aceptar al niño tal y como es, con sus posibilidades y limitaciones, sin generar expectativas inadecuadas.
17. Comentar tranquilamente con el niño sus fallos y tratar de que comprenda que es necesario pensar siempre antes de actuar.
18. Corregir los errores, evitando comentarios negativos y tratando de que descubra y genere posibles alternativas de actuación.
19. Mantener frecuentes entrevistas personales con el tutor/a para tratar de determinar conjuntamente los procedimientos de ayuda.
20. Ampliar la capacidad de atención de los niños pidiendo que realice tareas sencillas y tranquilas como: juego de tres en raya, palabras que empiecen por..., juego del veo-veo, rompecabezas y puzzles, seguir laberintos, juego del parchís, la oca, las damas, juego de cartas, audiciones musicales, ejercicios de respiración, concentrarse ante un determinado estímulo, experimentar sensaciones (tensión-relajación), juego de construcciones, uso del ordenador, observar detalles en las láminas de los cuentos, etc.
En síntesis, es conveniente:
Establecer normas claras y bien definidas.
Plantear exigencias adaptadas a la medida de sus posibilidades.
Favorecer un ambiente ordenado, estructurado, organizado, sereno, relajante y cálido.
Reconocer el esfuerzo realizado por el niño.
Evitar la sobreprotección y la permisividad.
Favorecer su autonomía.
Crear buenos hábitos de estudio.
Ser modelo de conductas reflexivas y meditadas.
Reforzar su autoestima.
Dar órdenes claras, precisas y estables.
Dar refuerzos inmediatos.
Usar antes la recompensa que el castigo.

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