domingo, 13 de enero de 2013

Crecimiento económico y transformaciones sociales s.XIX


Crecimiento económico y transformaciones sociales

1.    EL RETRASO EN LA MODERNIZACIÓN DEMOGRÁFICA

1.1    El crecimiento moderado de la población

La población española creció lentamente durante el siglo XIX: de unos 10,5 millones en 1800 a 18,6 millones en 1900. Este moderado crecimiento demográfico revela el atraso económico de España respecto a los países de la Europa occidental. Hasta principios del XX se mantuvo una alta tasa de mortalidad (del 29 por mil en 1990), alta mortalidad infantil (en torno al 250 por mil) y una baja esperanza de vida (en 1900 34,8 años) excepto en algunas regiones como Cataluña. Estas altas tasas de mortalidad obedecían a la baja productividad agrícola (que como en siglos anteriores seguían provocando hambrunas y periódicas crisis de subsistencias), y a las enfermedades epidémicas (fiebre amarilla y cólera) y endémicas (tuberculosis, viruela, tifus, sarampión, etc.), agravadas por las pésimas condiciones higiénicas,

1.2    La emigración

El crecimiento, aunque modesto, provocó superpoblación dadas las malas condiciones económicas señaladas antes. Por ello la emigración exterior fue importante. Entre 1830 y 1880 dirigida hacia el Norte de Africa (Argelia), y a partir de entonces una muy fuerte corriente de emigración a América que, entre 1882 y 1899, ascendió a un millón de personas.

1.3    Distribución geográfica

Se consolidó la tendencia del desplazamiento de población hacia la periferia, mientras que el centro, a excepción de Madrid, perdió peso sobre el total nacional. Paralelamente se inicia el proceso de urbanización y el consiguiente éxodo campo-ciudad, aunque a un ritmo bastante lento. Todavía en 1900 dos tercios de la población española era rural y sólo dos ciudades, Madrid y Barcelona, tenían más de 500.000 habitante.

2.    EL SECTOR AGRARIO.

La agricultura seguía siendo la principal actividad económica, ocupaba a dos tercios de la población y proporcionaba más de la mitad de la renta nacional.

2.1    La reforma agraria liberal

Entre 1836 y 1837 Mendizábal emprendió la desamortización eclesiástica, la abolición de los señoríos y la desvinculación de los mayorazgos. La Ley General de Desamortización de Madoz (1855) completó esta tarea con las tierras propiedad del Estado y de los municipios (bienes de propios y comunes de los pueblos).
La reforma agraria liberal no sirvió para crear una clase numerosa de medianos propietarios. Los grandes propietarios y arrendatarios rurales, junto a los nuevos terratenientes urbanos, fueron los verdaderos beneficiados por las desamortizaciones. En amplias regiones de Extremadura y Andalucía surgió un nuevo latifundismo aún más poderoso. La propiedad agraria se concentró y muchos pequeños arrendatarios, cuyas condiciones de contrato fueron revisados y endurecidas por los nuevos propietarios, se vieron convertidos en jornaleros o braceros, sin tierras ni propiedad ni arriendo.

2.2    Las causas de un crecimiento agrario moderado

Las dificultades para el crecimiento de la producción agrícola obedecían tanto a los factores naturales como a los socioeconómicos. La aridez y la pobreza de la mayor parte del suelo, la altitud y el relieve eran fuertes obstáculos físicos a la modernización de la agricultura y las innovaciones técnicas fueron escasas. El sistema de cultivo mayoritario seguía siendo el barbecho. Predominaban aún el arado romano y los aperos de labranza tradicionales; la siembra se hacía a brazo; la siega se realizaba con la hoz, etc.
Las novedades más importantes se realizaron en el litoral valenciano, con el avance de cultivos hortícolas y frutícolas, y sobre todo el de los cítricos. En algunos regadíos del interior se introdujo el cultivo de la remolacha azucarera. Las islas Canarias se especializaron en los cultivos del plátano, tomate y tabaco. Asimismo, se extendió el cultivo de la vid, de las almendras y de la explotación del corcho, obtenido del alcornoque.
El claro, aunque moderado incremento de la producción agrícola se debió fundamentalmente a la puesta en cultivo de nuevas tierras, esto sí gracias a la desamortización. La superficie cultivada crece en diecinueve millones de hectáreas a lo largo del siglo. La vid triplica su extensión, el cereal la duplica Similar evolución presentó el cultivo del olivar en Andalucía, Aragón y Cataluña. La ganadería se vio afectada por las medidas desamortizadoras que favorecieron la extensión de los cultivos a expensas de los pastos. Decayó la ganadería extensiva y trashumante del ovino, aunque aumentó el ganado porcino y el equino (caballos y mulas utilizados para el laboreo del campo).

3.    El RETRASO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN

La industrialización se hizo a ritmo lento y solo en algunas regiones: Cataluña, Asturias y el País Vasco.

3.1    Las fuentes de energía y la minería

La escasez de recursos energéticos y al alto precio del carbón fueron decisivos en el retraso de la industrialización. Los yacimientos de carbón presentaban graves problemas: sus capas eran irregulares y delgadas lo que dificultaba la mecanización de su extracción, las reservas eran escasas y de mala calidad.
Por el contrario España disponía de importantes recursos de minerales metálicos (hierro, cobre, plomo, mercurio y cinc), pero su explotación permaneció estancada por falta de capital y de conocimientos técnicos. La Ley de Minas de 1868 que concedía importantes ventajas a los concesionarios de la explotación de las minas, y la demanda internacional desató, en el último cuarto del siglo XIX, una auténtica fiebre minera que benefició a grandes empresas extranjeras -británicas, francesas, alemanas-. La explotación del hierro cuyos yacimientos se hallan en Málaga, Santander y, sobre todo, Vizcaya, fue reducida hasta los años 1870. A partir de esa fecha, la difusión del convertidor Bessemer para fabricar acero incrementó la demanda de mineral, lo que benefició a economía vizcaína. Los beneficios se reinvirtieron en la industria y en la banca. El plomo, el cobre y el mercurio, abundantes en el sur y suroeste peninsular, se explotaron casi exclusivamente con tecnología y capital extranjeros.

3.2    La industria textil

El despegue se produjo en Cataluña y en el sector del algodón. En 1833, la fábrica de los Bonaplata en Barcelona instaló las primeras máquinas de vapor. Se suelen distinguirse dos etapas en el crecimiento de los textiles catalanes. Una primera de importante expansión aunque limitada por lo reducido del mercado interior y la escasa capacidad competitiva de los paños catalanes en los mercados internacionales debido a sus altos precios. La Guerra de Secesión de Estados Unidos[1] redujo la importación de la materia prima y potenció la crisis del 1866-1867. A partir de 1870 se da una nueva fase de expansión gracias a una política proteccionista y la concesión en exclusiva del mercado cubano. Con la independencia de Cuba y Puerto Rico la producción se estancó. La industria lanera de gran tradición en Castilla y la industria sedera valenciana y murciana perdieron su importancia.

3.3    La siderurgia

El primer intento de instalar una moderna siderurgia en España se produce en Málaga, para explotar los yacimientos ferrosos de Marbella. Allí se construyen en 1832 los primeros altos hornos. En los años 1860 decayó la siderurgia andaluza debido a que su fundición con carbón vegetal no podía competir con la de los altos hornos con carbón mineral. La sustituye Asturias, con el mineral de la cuenca del Nalón. En 1868 la zona asturiana de Mieres-La Felguera representaba el 46 por cien de la producción nacional.
A partir de 1880 el protagonismo pasa a la siderurgia vasca, beneficiada porque a su mineral de hierro une la disponibilidad del coque inglés y el capital acumulado por su minería. En 1902 se fusionaron las tres mayores  compañías en la gran sociedad Altos Hornos de Vizcaya que producirá mas del 60% del hierro español.

3.4    Otras industrias

El desarrollo de la siderurgia permitirá la aparición de una industria metalúrgica de transformación, aunque de reducidas dimensiones. Surge en Cataluña con la fundación de la empresa Maquinaria Terrestre y Marítima en 1855, pero dependiente siempre del abastecimiento de acero bilbaíno acabará localizándose allí. El País Vasco se convirtió en el centro principal de la metalurgia pesada, material ferroviario y de buques, con empresas como la Sociedad Española de Construcción Naval (1909), todas amparadas por la política proteccionista.
Quedan por mencionar las industrias alimentarias: harinera (Valladolid), vinícola (Jerez, Rioja…), pasera (Alicante), aceitunera, azucarera (Granada), de conservas de pescado (Vigo), corcho (Cataluña).

4.    Los TRANSPORTES

Los progresos de las carreteras fueron insuficientes a pesar del notable programa iniciado a partir de 1840, que permitió contar con  una red de 36.000 km. El transporte fluvial era casi inexistente dada la naturaleza de los ríos. El marítimo experimentó un progreso considerable gracias a la mejora de los puertos y a la introducción de la máquina de vapor.
Pero la auténtica revolución de los transportes fue el ferrocarril.  La primera ley de 1844 pero hasta 1855 solo se construyeron 475 km. (Barcelona-Mataró, Madrid-Aranjuez). Además el ancho de vía se estableció en 1,67 m., mayor que la norma europea. El impulso vino con la Ley General de Ferrocarriles de 1855. El Estado otorgó una serie de ventajas económicas a las empresas constructoras,  garantizaba una rentabilidad mínima del 6% y la libre importación de material para el ferrocarril. En 1900 la red de ferrocarriles alcanzó 14.245 km. El impacto de la construcción del ferrocarril fue limitado para la economía española. No movió el desarrollo de la siderurgia  y de las industrias mecánicas puesto que hasta 1891 se permitió la libre importación de todo el material ferroviario. Aunque incrementó de forma importante la demanda de carbón y dio lugar a la creación de unos 125.000 empleos fijos. También se dieron otras mejoras importantes en las comunicaciones como el tendido del telégrafo y la organización del servicio postal.

5.    El COMERCIO

A comienzos del siglo XIX, el mercado interior español estaba constituido por una serie de mercados regionales casi aislados entre sí. Ello explica que existiese una considerable diferencia entre los precios en las regiones interiores y en las regiones costeras. El ferrocarril introdujo un cambio notable abaratando y homogenizando el precio de las mercancías.
El comercio exterior tuvo que adaptarse a la pérdida del mercado colonial, centrando su actividad principal en los países de la Europa occidental (Gran Bretaña y Francia principalmente). La estructura comercial era típica de un país semidesarrollado: las exportaciones de alimentos y minerales representaban casi los dos tercios del total, y se importaban materias primas industriales (como algodón en rama, carbón, hierro), bienes de equipo y productos industriales.

6.    BANCA Y DINERO

La Ley de sociedades anónimas de crédito y la Ley de Bancos de emisión permitieron el desarrollo del sistema financiero. A partir de 1856 se fueron constituyendo los primeros bancos, Banco de Málaga, Banco de Sevilla, Banco de Valladolid, Banco de Santander, Banco de Bilbao, etc. Uno de los hechos más relevantes fue la adjudicación al Banco de España, nueva denominación que sustituía a la de Banco de San Fernando, del monopolio de emisión de billetes. También se modernizó el sistema monetario estableciendo en 1868 una nueva unidad monetaria, la peseta, dividida en céntimos, que sustituyó al antiguo real.

7.    LA REFORMA DE HACIENDA

En 1845 se estableció un nuevo sistema tributario basado en impuestos directos (como la contribución territorial y la contribución comercial e industrial) e indirectos. La contribución territorial recaía sobre la propiedad agrícola y la urbana, pero sólo suponía entre un 20 y un 30% de lo recaudado aunque ambas representaban más de la mitad de la renta nacional. La contribución comercial e industrial no representó más de un 6%. La mayor parte del presupuesto provenía de los impuestos indirectos, entre lo que destacaron los odiados consumos, con cerca del 12 por cien de los ingresos, el arancel sobre las aduanas y los monopolios o estancos (tabacos, sal, loterías).

8.    PROTECCIONISMO Y LlBRECAMBISMO

Durante el siglo XIX los gobiernos y la opinión pública se debatieron entre una política proteccionista de aranceles elevados y una librecambista de aranceles bajos. Los proteccionistas, principalmente los industriales del algodón de Cataluña, agrupados en la asociación Fomento del Trabajo Nacional, adujeron que la protección era imprescindible para el desarrollo de la industria nacional frente a la competencia extranjera, sobre todo inglesa. Los librecambistas, comerciantes, exportadores de productos agrarios y compañías de ferrocarriles crearon la Asociación para la Reforma de los Aranceles y tuvieron amplio apoyo en las masas populares urbanas.

9.    LA SOCIEDAD LIBERAL: CAMBIOS Y PERMANENCIAS

9.1    El grupo dominante: nobleza y burguesía.

En la nueva sociedad liberal no se produjo la total sustitución de la antigua élite política y económica (la nobleza) por una nueva (la burguesía), sino que ambas se fusionaron dando lugar al nuevo grupo dominante en la España del siglo XIX. Con el Estado liberal la nobleza tradicional perdió parte de su poder político al desaparecer el régimen señorial, pero acrecentó su predominio económico gracias al enorme patrimonio inmobiliario conseguido con la Desamortización. En general, esta clase no participó en el mundo de lo negocios ni en el desarrollo de los nuevos sectores de la eco­nomía española: bolsa, ferrocarriles, industria, sino que mantuvo su comporta­miento tradicional de vivir de rentas y conservar una fuerte influencia política gracias a su presencia en el Senado, en el ejército y, sobre todo, en la Corte. Esta nobleza tradicional se amplió con una nueva noble­za nutrida de la burguesía enriquecida y de los altos cargos de la administración liberal a los que se concedió un relevante número de títu­los en pago a sus servi­cios políticos y financieros.
La alta burguesía española estará formada por un conglomerado de gran­des propietarios rurales y urbanos, empresarios, especuladores y comercian­tes enriquecidos con la compra de propiedades desamortizadas, que reside en la capital y que no es un hombre de negocios emprendedor sino que vive de las rentas de la tierra, de los préstamos al Estado, de la especula­ción en Bolsa, y de la especulación inmobiliaria, apro­vechando el ensanche de las ciudades. Sólo a fines del siglo XIX surgirá —en Asturias, Cataluña o el País Vasco— una autentica burguesía empresarial.

9.2    Las clases medias

Las clases medias engloban a medianos y pequeños comerciantes, miembros de las profesiones liberales (abogados, notarios, médicos), profesionales de la administración (jueces, profesores, militares¼), funcionarios y pequeños propietarios urbanos, y en el mundo rural, los medianos propietarios y arrendatarios. Se trata de un sector muy reducido en la España de la época.

9.3    Las clases populares: artesanos, obreros y jornaleros

Dado el escaso nivel de industrialización las capas populares urbanas esta­ban nutridas principalmente de artesanos, pequeños comerciantes y un elevado número de mujeres dedicadas al servicio doméstico.
La clase obrera industrial, todavía minoritaria en la segunda mitad de siglo, se concentraba en Barcelona, en la industria algodonera, y en Vizcaya, en la moderna siderurgia  Sus condiciones de vida experimentaron una lenta mejoría desde el último tercio del siglo XIX, pero se mantenía la inestabilidad en el empleo, la falta de asistencia en casos de accidentes, invalidez o vejez, o el hacinamiento de la vivienda.
La mayoría de la población española era la población rural, de campesinos con escasas tierras o jornaleros. La disolución de los señoríos no alteró la estructura de la propiedad y la vieja nobleza conservó sus tierras. Como hemos visto en amplias zonas de España la reforma agraria liberal despejó a muchos campesinos de tierras que sus antepasados cultivaban desde hacía siglos y sus condiciones de vida empeoraron aún más al privarles del disfrute de los bienes comunales. Además, el crecimiento demográfico disminuyó el tamaño de las propiedades.


[1] (1861-1865)

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